HISTORIA CULTURAL, NUEVA HISTORIA CULTURAL E HISTORIA DE
GÉNERO. PARADIGMAS DE CRISIS, REVOLUCIÓN Y CUESTIONAMIENTO DE LA VIGENCIA DE LA
NOVEDAD.
“Aunque el pasado
no cambie, la historia debe de escribirse de nuevo en cada generación para que
el pasado siga siendo inteligible”
La historia de la ciencia histórica nos muestra como desde el
siglo XIX la disciplina ha vivido diferentes momentos que podríamos ubicar en las
etapas de Kuhn: la 1ª de la ciencia inmadura, la 2ª Ciencia madura (normal), la
3ª Ciencia en crisis, la 4ª Ciencia revolucionaria y la 5ª Resolución: vuelta a
ciencia normal. De hecho, incluso podríamos ubicar esa ciencia histórica positivista
como como perteneciente a la primera etapa de ciencia inmadura visto el desarrollo
posterior y complejización de la disciplina.
En esta entrada de blog quiero partir desde las perspectivas
historiográficas que yo empleo en mis investigaciones para cuestionar, brevemente
porque esto podría dar para mucho, tanto su vigencia actual como los nuevos, o
no tan nuevos, paradigmas surgidos tras crisis y revoluciones historiográficas.
Sin embargo, la mirada en perspectiva histórica hacia la localización de los
cambios de paradigmas surgidos en contextos históricos concretos y la mirada
sobre la ciencia histórica actual nos podría llevar a cuestionar hasta qué
punto estas revoluciones o nuevos paradigmas se han generalizado, y también a
ver la permanencia de ciertas formas de historia o entender la historia.
Actualmente yo posiciono mi trabajo en la historia de género
y la historia cultural que sigue las líneas de Peter Burke, en lo que se llamó
la Nueva historia cultural. Término que hace alusión de alguna manera a
la 4ª etapa de Kuhn. Pero, como dice Burke, lo nuevo pronto deja de
serlo y en el siglo XXI ha dejado de tener sentido hablar de Nueva historia
cultural y se debería hablar de Historia cultural, lo que la ubicaría
más en esa 5ª etapa de normalización. Aunque con este nombre, evidetemente no podemos pensar que las historiadoras
culturales actuales utilizamos los mismo paradigmas que las primeras corrientes
de la historia cultural que han quedado en esa primera o segunda etapa de
ciencia común entrada en crisis. Así, la “nueva” historia cultural responde a las inquietudes y
la mirada del propia tiempo en el que se está realizando la investigación, una
historia cultural que no renuncia a lo social, y por supuesto, tampoco a la
historia de género y a la historia subalterna.
¿Podríamos considerar
a esta forma de pensar la historia cultural como un paradigma de ciencia revolucionaria, o estaría en la fase de resolución como nueva paradigma instaurado?
Para pensar sobre esto y sin irme a los orígenes de la
disciplina histórica, me gustaría empezar poniendo el foco en
la escuela de Annales y en la historia social, y como estas disciplinas
que pusieron el foco más allá de los grandes nombres y eventos hacia los
anónimos se vieron cuestionadas y que fueron enriquecidas gracias a la aparición de las anomalias por quienes buscaron más allá de esos anónimos
a las anónimas. Cuestionamiento que también se ha dado con el paso desde la
historia de las mujeres, que tendría una visión más positivista de recuperación
de grandes nombres y protagonistas; hasta la historia de género, donde se hace
un análisis de los mecanismos de poder, la construcción del
género, las miradas hacia los otros etc. De este modo, las perspectivas feministas
y decoloniales suponen la entrada en crisis de ciertos modelos y
acercamientos, lo que nos lleva a pensar en la historia de género y la historia
subalterna como etapa de crisis, anomalías y revolución, cuya vigencia sigue
a día de hoy presionando a la ciencia histórica, pero que en algunas ámbitos ya
empieza a constituir el nueva paradigma y ciencia común.
“la escasez de testimonios sobre los comportamientos de las clases subalternas del pasado es fundamentalmente el primer obstáculo, aunque no es el único, con el que tropiezan las investigaciones históricas” (Ginzburg, 2023, El queso y los gusanos, p. 13).
Los cuestionamiento y anomalías que han supuesto la historia de género, las perspectivas decoloniales, los estudios culturales y los estudios subalternos han llevado a subrayar la necesidad de mirar más allá, y de unir lo social, con las mentalidades y la cultura. Estas advertencias y cuestionamientos han hecho que tome fuerza esta “ciencia revolucionaria” que, aunque esté cada vez más cerca de ser “ciencia común” sigue suponiendo incomodidades y complejidad metodológica a la ciencia histórica.
El tema me pilla tan lejano de "lo mío" que no puedo juzgar los detalles. Lo que sí veo es que la reflexión te términos de Kuhn de tu disciplina es relevante, fructífera incluso. Me alegro mucho. Buen trabajo!!
ResponderEliminarQue existan científicos que se hayan dedicado a la alteración de objetos de gran valor histórico, es realmente decepcionante. Mas aún, acorde a lo que has escrito en tu entrada de blog, que puedan quedar en entredicho otros descubrimientos que son reales, y presuntamente sin modificaciones artificiales. Me imagino que el caso de la mano de Irulegui se habrán llevado o se estarán llevando estudios exhaustivos para tratar de datar cuando se hicieron dichas inscripciones, me imagino (aunque no soy experto en la materia) que estarán usando el carbono 12.
ResponderEliminarHe aprendido bastante de esta publicación, hasta el momento en el que escribo este comentario, desconocía ese caso de fraude. Muchas gracias.
Aitor C.: Si el ser humano duda y debe dudar constantemente, no es de extrañar que la ciencia, tanto por su propia naturaleza como por ser reflejo de las preocupaciones humanas, lo haga. Poco a poco, incorporamos a sujetos históricos de distintos niveles de subalternidad: clases populares europeas (hombres, las mujeres tardan mucho más), poblaciones coloniales/descolonizadas.
ResponderEliminar¿Incomoda? Obviamente. Toda revolución lo hace, véase el feminismo. Sería de suponer que, tarde o temprano, acabara convirtiéndose en la ciencia normal, pero aquí nadie tiene una bola de cristal que pueda permitirle afirmarlo. Quizá dentro de 20 años surja una "Nueva Nueva Historia Cultural" que dentro de 50 sea simplemente "Historia Cultural", o que dentro de otros tantos la "Vieja Historia Cultural" pase a ser la "Nueva Nueva Nueva Historia Cultural". La realidad es cambio constante, como decía Heráclito.